20 de abril de 2007

Jose Luis Martin Vigil

Es muy posible que para la gran mayoría de los que hoy por hoy parecen haberse adueñado casi en exclusiva de la Red el nombre de José Luis Martín Vigil no les diga nada. Sin embargo, a muchos de los progenitores de los hoy treintañeros de la generación X o de sus hermanos pequeños de la generación Nintendo, el título de alguna de sus novelas les recordarán lecturas juveniles y una época en la que la máxima tecnología audiovisual en cada casa era un aparato de radio.

Hoy José Luis Martín Vigil, sacerdote y autor de "La vida sale al encuentro" o "Sexta galería", tiene 81 años y una historia clínica que incluye varios derrames cerebrales. No es desde luego el perfil que nadie vincularía a un internauta empedernido.

"Tenía 76 años y una vista muy cansada ¿Era cuerdo intentar esa aventura? ¿Y qué podía perder? No lo dudé y llevo cuatro años enganchado a la Red"

Pero lo es. Cuando la palabra "ordenador" empezó a oírse en la calle, el escritor, que entonces tenía 60 años, abandonó de inmediato la máquina de escribir para informatizar todo su método de trabajo mucho antes de lo que lo hicieran colegas mucho más jóvenes. Dieciséis años más tarde y cuando se empezaron a tener las primeras noticias sobre la existencia de la Red, Martín Vigil no dudaría en apuntarse a la nueva tecnología. "Internet se me convirtió en una tentación y un desafío. Yo iba por el sexto ordenador y tenía 76 años y una vista muy cansada ¿Era cuerdo intentar esa aventura? ¿Y qué podía perder? No lo dudé y llevo cuatro años enganchado a la Red".

Aprovecharse de Internet

Pasar una media de 6 horas diarias conectado a la Red no ha impedido al escritor abandonar otros hobbies. Más bien al contrario, el uso de Internet los complementa y potencia. Martín Vigil utiliza siempre horas de la tarde o de la noche para navegar y así, enterarse de la actualidad informativa, saciar curiosidades, ampliar conocimientos, informarse sobre espectáculos o exposiciones o preparar un viaje. "No hay barreras ni censuras, cada uno puede descubrir por sí mismo y según sus inquietudes e intereses, nuevas formas de aprovecharse de Internet".

Tanto provecho saca el escritor que la utilización de su módem no se limita a la consulta de páginas. El correo electrónico suple por su inmediatez la mayor parte de sus necesidades postales, mientras que el chat supone también muchas de esas horas de conexión. "Son herramientas perfectas para romper la soledad, para 'estar en la calle' a cualquier hora del día o de la noche sin salir de casa, escuchando a unos y a otros, hablando sobre temas de toda índole con gentes que nunca hubieras conocido de otro modo".

"En pocos años se producirán cambios radicales en la manera de comunicarse, estudiar, comerciar… uno puede dejar volar la imaginación y seguro que se queda corto"

Ese contacto con el mundo, esa ruptura de la soledad es una de las tantas razones que destaca el escritor a la hora de evangelizar sobre los beneficios que la utilización de este nuevo medio puede aportar a la tercera edad. "No me canso de repetir que Internet es el mejor regalo para esa hueste de jubilados que, conservada la cabeza, no saben que hacer con su tiempo de ocio que casi ocupa toda su vigilia".

Un discípulo al otro lado

Martín Vigil no se atreve a hacer futurología pues considera que a la velocidad con la que la Red desarrolla sus posibilidades es difícil saber como será este mañana. Pero lo que si que asegura con la perspectiva y la autoridad de quien ha visto transcurrir casi todo este siglo, es que estamos ante una verdadera revolución. "En pocos años se producirán cambios radicales en la manera de comunicarse, estudiar, comerciar…uno puede dejar volar la imaginación y seguro que se queda corto".

"No sé si los gobiernos se dan cuenta de lo difícil que les va a resultar de aquí a unos años controlar al personal"

En el acceso universal a la comunicación encuentra Martín Vigil el principal y más positivo atractivo del desarrollo de la Red, aunque reconoce también en esa misma idea sus puntos débiles o negativos, al incrementarse la dificultad para la corrección de un mal uso de esa libertad. "No sé si los gobiernos se dan cuenta de lo difícil que les va a resultar de aquí a unos años controlar al personal".

En todo caso y mientras tanto, esa potenciación del ámbito comunicativo del ser humano nos sorprende con anécdotas como la ocurrida al escritor cuando, tras una larga polémica con un norteamericano mantenida a través de un chat, descubrió que su contertulio virtual había sido discípulo suyo en la Universidad de Salamanca hacía treinta años. "Si el mundo era ya un pañuelo, ahora, con Internet, lo es mucho más".

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